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 | EXPOSICIÓN RODEÁNDOME - 15 diciembre 2006 / 5 enero 2007
Galería de arte - CHYS - Murcia
Notas de Prensa
La Verdad 16/12/2006 (Edición impresa)
La Verdad 16/12/2006 (Edición digital)
La Verdad 18/12/2006 (Edición impresa)
El Faro 20/12/2006 (Edición impresa)
La Opinión 24/12/2006 (Edición impresa)
La Verdad - Ababol 16/12/2006 (Edición digital e impresa)
TVE2 - Regional (Reportaje sobre la exposición)
Televisión7 Región de Murcia (Reportaje sobre la exposición)
Catálogos, comentarios y obras
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“Rodeándome” surgió como un intento de llegar más allá del mero hecho pictórico. Siempre que pinto cuadros, veo historias en ellos, y las historias quedan grabadas en el espectador que las quiere ver. Cada mirada a un cuadro puede ser una historia diferente: suave como un poema, evocadora de felices momentos o dura como la vida misma. Entonces ¿por qué no conocer esas historias, las de otros espectadores?. Solicité a un grupo de escritores amigos que plasmasen sus historias en “Rodeándome” a partir de un cuadro y un título, y de ahí surgió este catálogo donde literatura y pintura me mezclan para concederle a él mismo la categoría de un elemento artístico más de esta exposición y que ahora está en tus manos.
Cada cuadro robado al escenario del mundo, tiene mil historias, las de los mil espectadores que lo contemplan, aquí solo se plasman unas cuantas, unos pocos ejemplos del maravilloso torrente que ofrece la creación humana.
Mis más sinceras gracias a este grupo de escritores que nos regalan con sus historias y poemas la visualización de las obras:
Pablo de Aguilar González
Julia Robles R.
Diego Jerez
Javier Lázaro Sanz

|  | La naturalidad transformada
No recuerdo, exactamente, qué escribí en anterior ocasión sobre la pintura de Manuel Vacas; pero sí me atrevería a afirmar que no la embarcaría en uno de esos piropos engolados, en los que, por la circunstancias, se cae a veces con la mejor intención. Tampoco
recuerdo los cuadros de entonces. Contemplo los de ahora, y creo que no se notan cambios innecesarios. En el recuerdo sí está la fuerza de uno colores vibrantes e intensos, junto a la naturalidad de la temática. Y escribo naturalidad, aplicándola a las cosas que de ordinario utilizamos; a los ambientes, en que la vida de cada día se desarrolla; y a los recorridos que, de tarde en tarde, cada cual realiza, como un ejercicio habitual. No parece obedecer esta constancia temática a que el pintor no haya encontrado otras rutas; más bien, lo que sucede es que prefiere guardar la fidelidad, porque en ellas ha encontrado un objetivo común, con posibilidades para ser transformado en algo distinto y, sobre todo, para ser mejorado, a través de esa transformación.
Una máquina de fotos tiene capacidad para transfigurar la ordinariez del abandono y la grosería de los comportamientos en imágenes cuajadas de sensibilidad y hasta de belleza. Puede buscar el enclave preciso, enfocar el aspecto más despiadado o más humano.
Si no se me considera paternalista, algo así diría de la pintura de Manuel Vacas, a la que, por cierto, no inculco, pese a lo escrito, el menor grado de grosería u ordinariez. Lo que digo, al fin, es que un vulgar banco, de los cientos que pueblan los jardines y que el ojo humano contempla en cada desplazamiento ciudadano, es transformado, gracias a los pinceles de Manuel Vacas, en algo que parece pieza única y que reclama la atención del viandante. También, el ensordecedor e insoportable traqueteo de turismos y autobuses que arrasan la Gran Vía, parecen renegar de sus disparates Callejeros para tronarse en una visión casi serena de lo que, de ordinario, nos abruma con su insolencia. Una rama –una más– de cualquiera de esos árboles que no cobijan, durante el pesaroso estío, adquiere, en uno de los lienzos de este pintor, una levedad y una elegancia de la que jamás nos hemos percatado. Pero también busca no la transformación, porque no es necesaria, pero sí darnos a entender que el uso de los pinceles no está reñido, en absoluto, con esos otros enclaves, esos otros temas, que siempre han desempeñado un papel preponderante y en apariencia más idóneo, para la sensibilidad artística: la serenidad del paisaje marino, la excepción del paisaje nevado, la familiaridad del paisaje terrenal. Basta con un vistazo para captar lo que puede parecer superficial y sobrante disertación.
Es difícil, a la hora de buscar consecuencias, saber donde está la que más atrae, preocupa, divierte o emociona en la pintura de Manuel Vacas. Quizá, cada uno de los cuadros encierra un mensaje solapado en torno a nuestro conducta diaria: nos quiere enseñar donde está esa dosis de atracción de las cosas que utilizamos con la mayor indiferencia; de los lugares por los que transitamos y de las gentes con las que convivimos. Es de agradecer, y todavía más, si cada retazo de nuestra normalidad se nos aparece teñido del vistoso colorido que siempre nos acompaña y que, por aquello de la habitualidad, dejamos de percibir. La pintura que tenemos ante nuestros ojos es como una reconversión al alza de nuestra existencia, de nuestra vida de cada día. Es lo que uno cree.
PedroSoler
(Escritor y crítico de arte)
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 | Obras expuestas (Haga click sobre los cuadros ) Historias, relatos y poemas
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 | Mañana de vientos

- ¿Ves allí, amigo Sancho, donde se descubren un montón de gigantes con quien pienso luchar y quitarles a todos las vidas?
- ¿Qué Gigantes?
- Aquellos que allí ves, esos de única y longa pierna, con enormes e incontables brazos.
- No, no los veo. A pesar de este moderno artefacto.
- Lo harías, amigo Sancho, si te dieras la vuelta, sin necesidad de tan infernal artilugio.
- Mire vuestra merced, que aquellos que allí se ve no son gigantes, sino molinos de viento. Y que la pierna no es más que el poste sobre el que se sujetan las aspas, que se asemejan a los brazos.
- Bien parece que no estás cursado en esto de las aventuras. Si tienes miedo, quítate de ahí, pues yo pienso entrar con ellos en fiera batalla.
...
- ¡Acho! ¡Que nos han dicho que no nos acerquemos! ¡A tu padre vas!
Pablo de Aguilar González |  | Gran Vía
"¡Qué pesadez! Otro semáforo en rojo. Así no llego. Está el tráfico como para no volver a coger el coche...."
"... Joer... ¿Es que no va a cambiar nunca? ¡Vaya un semáforo lento! Y, además, inútil. ¡Si no hay cruce! Para un paso de peatones, cortan la circulación en medio de la calle. ¡Pues porque anden un poco más allá no se van a quebrar, digo yo...! Nada... que no se pone en verde... ¡Y la prisa que llevo!"
"... No llego... ya voy tarde. Esto está cada vez peor. Nada... sin esperanzas... que no llego... Como pase un minuto más, me lo salto, fijo que me lo salto..."
"... ¡Ostras! Menudo pedazo de tía va a cruzar... ¡Qué barbaridad! ¡Qué contoneo! ¡Qué cuerpazo...! ¡Venga nena, que el monigote se pone intermitente! Pero no corras, que te vea bien. Tú tranquila..."
...
- ¡YA VOY! ¡YA VOY! ¡Qué tanto pito, tanta prisa y tanta leche! ¡Metete el pito donde te quepa, Imbécil!
"¡Qué poca paciencia tiene la gente, demonios...!“
Pablo de Aguilar González |  |
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 | Bancos en espera

Las ciudades tienen historias, gastadas a fuerza de tanto contarlas; leyendas que duermen latentes en las paredes de los edificios, en las calles, en las plazas y en los jardines del parque.
Un abuelo senil cuenta, a quien quiera escucharle, que aquello era un huerto de frutales en sus años mozos. Una mujer explica a una madre, que amamanta paciente a su bebé, la forma de curar la tos de pecho. Un hombre ocupado lee el periódico, desperdiciando un tiempo que no tiene, y a su lado, un vagabundo ocupa el tiempo en dormitar.
Ayer pasaron mil historias por un banco y hoy, alguien lo pintó de blanco.
Julia Robles R. |  | Luz en el escaparate

Mi mundo es silencioso, solitario y estático. Nada sucede en él, nada lo perturba, pues ni la leve mota de polvo mancillará su superficie, so pena de ser desterrada de un plumazo para siempre.
Mi mundo es la copia de un trozo de vida real, comprimida en una pecera de cristal irrompible; un escenario teatral detenido en el instante mismo de la cotidianidad, tasado según precios del mercado, y expuesto sin pudor a la mirada ajena.
Mi mundo duerme fuera del horario comercial, pero al sonar las diez, las luces se encienden y la vendedora pasa el plumero por mi escaparate.
Julia Robles R. |  |
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 | Buscando letras

Yo soy el tesoro silencioso que esconde el doble fondo del arcón pirata, soy el sueño lascivo de la dama beata y la confesión más cruda del hombre más anciano. Yo soy uno y soy ciento, y contengo en mis adentros, el último verso del amor romántico y la risa burlona del renacimiento. Hay tanto en mí de sabio y cierto, que la mente humana no podría contener en sí misma cuanto yo contengo. Y puedo jugar con el niño, y entender al adolescente inquieto, y apoyar al erudito en sus retahílas y guiar en sus pasos al de caminar incierto.
Yo soy ese que buscas. Mírame niña, abre mis páginas, y lee entre mis letras tu secreto.
Julia Robles R |  | Hogar

Quiebra la luz cristal en la memoria
de aquella estancia clara pero fría,
y el ojo acorralado en donde ardía
fuego de olivo en llama giratoria.
De niño contemplé la trayectoria
confusa, y la encrespada asimetría
de aquel jirón de sol, de aquella orgía
de lenguas de razón contradictoria.
Helado tengo el fuego en la retina
del alma, y el silencio de los años
crepita en su carcasa mortecina.
Ayer presta cobijo a los huraños,
y soy un niño en viejo que termina
quemando en ese hogar sus travesaños.
Diego Jerez |  |
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 | Suave brisa

Desde ese cielo tan marino sopla,
alborotando la tierra y mi copla,
suave brisa entre las olas y el cielo,
que en la tierra es aliento de la mar
y regala alegría dando azar
a los juncos flexibles y a mi pelo.
Mi voz quiere fugarse con la brisa,
volando sobre el mar, sobre sus olas,
y jugar y bailar, hacer cabriolas,
prendido el corazón de una sonrisa.
Mi voz quiere glosar las briznas suaves
de yerba que se entrega al sol y al viento;
anhela mi cantar el suave acento
de la brisa que juega con las aves.
Mi verso se diluye en el paisaje
y mi corazón ya se va de viaje.
Javier Lázaro Sanz |  | Descenso

De piedra tengo herida la mirada
de tanto alzar los ojos a la roca
y llevo piedras rotas en la boca…
¡de piedra el corazón y la jornada!
Ya tengo la mirada hecha de viento
y oscura de tenderla en el vacío
que añora el canto líquido del río,
el fuego del hogar, tu voz, tu aliento.
Vuelvo de tan inmensas soledades,
del frío de las gélidas alturas
que guarda heladas las esencias puras
y entre escarchas conserva las verdades.
Desciendo de la cumbre, ya regreso,
busco la humanidad, quiero los prados.
Por los caminos van mis pies cansados
arrastrando mi pena con su peso.
Ambiciona mi voz las cumbres altas
pero en alturas esta voz se pierde.
El cielo es tan hermoso pero muerde
y tú, mi compañero… tú me faltas.
Javier Lázaro Sanz |  |
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 | Después de la nevada

Después de la nevada tierna y pura,
no rompas el paisaje de cristal.
Ese impecable manto de blancura
es un brillo tan frágil y mortal.
…fantástico disfraz de lo real,
perecedera y plácida escultura
sobre la forma brusca del metal,
sobre la tierra gris, la piedra dura…
Después de la nevada, no te muevas,
no alteres aquel orden delicado
de jazmines y nubes fabricado,
que las cosas convierte en cosas nuevas
cuando sobre lo viejo se ha posado.
¡Mira el bello paisaje que ha surgido,
acaso de la mano de un artista
que ha tallado en silencio y en olvido
este manto que esconde de la vista
el dolor afilado de la arista!
Después de la nevada silenciosa
que tu voz no destruya la hermosura
del silencio y la paz tan armoniosa
que frágil descendió desde la altura
y ha pintado de luz la tierra oscura.
Javier Lázaro Sanz |  | Tras la puerta

"Y dale Perico al torno... con el frío que hace y mírala: empeñada en que salga yo también. Que no, Beachu, que no me da la gana; que una ya tiene su edad y no está para trotes. Claro, tú te has puesto tu buen abrigo y tan ricamente; pero yo, mira cómo voy. Que no, que no salgo. Te pongas como te pongas. O no haberme traído a este gélido lugar. Si yo, donde de verdad estoy bien, es en mi cojín; no tengo necesidad de más. Que no y no; que no salgo. Yo me quedo aquí, junto al hogar, que parece que Manolo va a echar otro tronco".
- ¡Toma, Tea!
"Bueno... ya voy..., pero un pis rápido y
para adentro, que lo sepas".
Pablo de Aguilar González |  |
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 | Luz de la tarde

Cae la tarde, tintando de naranjas el cielo de la ciudad, arrancando destellos rojizos a las paredes de cemento y ladrillo, y filtrando los tenues rayos del sol otoñal por entre las ramas de los últimos árboles, en un juego ilusorio de destellos dorados y sombras pardas.
Cae la tarde, y por un instante, todo reverbera en tonos cálidos de amarillos ambarinos. Parpadeas y haces visera con tu mano para mirarme, y tus ojos claros brillan, traspasados de sol, cuando oteas el horizonte. Y entonces, por un instante, el ocaso nos llena el corazón de amores ocres.
Julia Robles R. |  | A la entrada de la plaza

La sombra trepa al capitel oscuro,
guardando noche por la piedra quieta,
y a su espalda se oculta y se sujeta
temerosa de un sol que está maduro.
Sólo es eco de ocaso prematuro
(o acaso de los miedos del poeta)
mas quiebra el sol feroz y, en una grieta
nocturna, compromete su futuro.
¡Tan pronto has de extenderte por mis ojos!
¡Tan pronto saltarás de los rincones!
El sol toca a su fin tañendo rojos
y tú, sombra, preñada de aguijones,
te aprestas a pastar en mis despojos,
como un chacal de oscuras intenciones.
Diego Jerez |  |
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 | Esperando a Ernesto

“¡Uff...! Vaya dolor de cabeza traigo. No vuelvo a beber... Por mis futuros descendientes, que no pruebo una gota más."
"Ahí están ésas. Llego tarde, lo sé. Es que no había modo de dejar la cama... ¡Qué resaca llevo! No lo vuelvo a catar... Por mi vespa, que no bebo más."
"Deben de llevar dos horas esperándome. Ahora me echarán la bronca, seguro; pero no era posible, no podía levantarme. ¡Si me dan vueltas los árboles! No bebo... Por mis discos de "U2", que no vuelvo a probarlo."
"Esto no puede seguir así, con estos sábados locos. Que no, que no empino más... Por mi colección de "El tremendo Tobi" lo digo: ni una más... ¡Ni una!"
- ¡Hola, Ernesto! ¿Tomas algo?
- Hola, chicas. Bueno..., va... Una caña.
Pablo de Aguilar González |  | Sol y lectura

La caricia de la brisa marina trae a mi mente evocaciones de la fantasía que sacia mi cuerpo de hambres carnales durante la tediosa época de hastío.
He soñado, mientras el cálido astro templó mi piel, con un hombre de plata, poderoso como el mismo Neptuno, en cuyas manos fui frágil y huidizo pececillo. El gigante de mis delirios se acercó a mí, sin recato ni cortejo, y por toda demanda, susurró una palabra de pasión. Sumergidos en los brillos oníricos del sesteo junto al mar, bailamos ambos, desnudos y excitados, entre la espuma rompiente que la arena bebió. Y mientras nos fundíamos, por un instante soñado, no fui yo casada, ni él un personaje entre las hojas de mi libro.
Julia Robles R.
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