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Rodeándome

Exposición Rodeándome

15 diciembre 2006 / 5 enero 2007
Galería de arte - CHYS - Murcia

Ideas de "Rodeándome"

“Rodeándome” surgió como un intento de llegar más allá del mero hecho pictórico. Siempre que pinto cuadros, veo historias en ellos, y las historias quedan grabadas en el espectador que las quiere ver. Cada mirada a un cuadro puede ser una historia diferente: suave como un poema, evocadora de felices momentos o dura como la vida misma. Entonces ¿por qué no conocer esas historias, las de otros espectadores?. Solicité a un grupo de escritores amigos que plasmasen sus historias en “Rodeándome” a partir de un cuadro y un título, y de ahí surgió este catálogo donde literatura y pintura me mezclan para concederle a él mismo la categoría de un elemento artístico más de esta exposición y que ahora está en tus manos.
Cada cuadro robado al escenario del mundo, tiene mil historias, las de los mil espectadores que lo contemplan, aquí solo se plasman unas cuantas, unos pocos ejemplos del maravilloso torrente que ofrece la creación humana.

Mis más sinceras gracias a este grupo de escritores que nos regalan con sus historias y poemas la visualización de las obras:

Pablo de Aguilar González
Julia Robles R.
Diego Jerez

Javier Lázaro Sanz

Catálogo

Catálogo - Pintor Manuel Vacas
La naturalidad transformada

No recuerdo, exactamente, qué escribí en anterior ocasión sobre la pintura de Manuel Vacas; pero sí me atrevería a afirmar que no la embarcaría en uno de esos piropos engolados, en los que, por la circunstancias, se cae a veces con la mejor intención. Tampoco
recuerdo los cuadros de entonces. Contemplo los de ahora, y creo que no se notan cambios innecesarios. En el recuerdo sí está la fuerza de uno colores vibrantes e intensos, junto a la naturalidad de la temática. Y escribo naturalidad, aplicándola a las cosas que de ordinario utilizamos; a los ambientes, en que la vida de cada día se desarrolla; y a los recorridos que, de tarde en tarde, cada cual realiza, como un ejercicio habitual. No parece obedecer esta constancia temática a que el pintor no haya encontrado otras rutas; más bien, lo que sucede es que prefiere guardar la fidelidad, porque en ellas ha encontrado un objetivo común, con posibilidades para ser transformado en algo distinto y, sobre todo, para ser mejorado, a través de esa transformación.

Una máquina de fotos tiene capacidad para transfigurar la ordinariez del abandono y la grosería de los comportamientos en imágenes cuajadas de sensibilidad y hasta de belleza. Puede buscar el enclave preciso, enfocar el aspecto más despiadado o más humano.

Si no se me considera paternalista, algo así diría de la pintura de Manuel Vacas, a la que, por cierto, no inculco, pese a lo escrito, el menor grado de grosería u ordinariez. Lo que digo, al fin, es que un vulgar banco, de los cientos que pueblan los jardines y que el ojo humano contempla en cada desplazamiento ciudadano, es transformado, gracias a los pinceles de Manuel Vacas, en algo que parece pieza única y que reclama la atención del viandante. También, el ensordecedor e insoportable traqueteo de turismos y autobuses que arrasan la Gran Vía, parecen renegar de sus disparates Callejeros para tronarse en una visión casi serena de lo que, de ordinario, nos abruma con su insolencia. Una rama –una más– de cualquiera de esos árboles que no cobijan, durante el pesaroso estío, adquiere, en uno de los lienzos de este pintor, una levedad y una elegancia de la que jamás nos hemos percatado. Pero también busca no la transformación, porque no es necesaria, pero sí darnos a entender que el uso de los pinceles no está reñido, en absoluto, con esos otros enclaves, esos otros temas, que siempre han desempeñado un papel preponderante y en apariencia más idóneo, para la sensibilidad artística: la serenidad del paisaje marino, la excepción del paisaje nevado, la familiaridad del paisaje terrenal. Basta con un vistazo para captar lo que puede parecer superficial y sobrante disertación.

Es difícil, a la hora de buscar consecuencias, saber donde está la que más atrae, preocupa, divierte o emociona en la pintura de Manuel Vacas. Quizá, cada uno de los cuadros encierra un mensaje solapado en torno a nuestro conducta diaria: nos quiere enseñar donde está esa dosis de atracción de las cosas que utilizamos con la mayor indiferencia; de los lugares por los que transitamos y de las gentes con las que convivimos. Es de agradecer, y todavía más, si cada retazo de nuestra normalidad se nos aparece teñido del vistoso colorido que siempre nos acompaña y que, por aquello de la habitualidad, dejamos de percibir. La pintura que tenemos ante nuestros ojos es como una reconversión al alza de nuestra existencia, de nuestra vida de cada día. Es lo que uno cree.

PedroSoler 
(Escritor y crítico de arte)

Exposición

Exposición - Pintor Manuel Vacas

Mañana de vientos


- ¿Ves allí, amigo Sancho, donde se descubren un montón de gigantes con quien pienso luchar y quitarles a todos las vidas?
- ¿Qué Gigantes?
- Aquellos que allí ves, esos de única y longa pierna, con enormes e incontables brazos.
- No, no los veo. A pesar de este moderno artefacto.
- Lo harías, amigo Sancho, si te dieras la vuelta, sin necesidad de tan infernal artilugio.
- Mire vuestra merced, que aquellos que allí se ve no son gigantes, sino molinos de viento. Y que la pierna no es más que el poste sobre el que se sujetan las aspas, que se asemejan a los brazos.
- Bien parece que no estás cursado en esto de las aventuras. Si tienes miedo, quítate de ahí, pues yo pienso entrar con ellos en fiera batalla.
...
- ¡Acho! ¡Que nos han dicho que no nos acerquemos! ¡A tu padre vas!

Pablo de Aguilar González